La Torre

La historia que voy a contar es, como la del castillo de La Cañada, ficticia. Esta vez está ambientada en Náquera, por ser el pueblo en el que se encuentra el chalet que inspira la historia. Lo he llamado simplemente La Torre. Éste no es su nombre real, pero, aunque haya aclarado que la historia es ficticia, modificaré los datos importantes, como es el nombre del chalet y la urbanización en la que se encuentra. También me la contó mi tío, de forma que yo me limito a ponerla por escrito, al igual que todo lo que quiero salvar del inevitable olvido que se apodera de las cosas con el paso del tiempo. De las cosas y de las personas. Seré breve, pues la historia lo es también.

La Torre está en la urbanización Santa María, en Náquera, como ya he comentado. Es extraño, porque no hay chalets a su lado: a un lado, tenemos unas escaleras que conducen a otra parte de la urbanización; y al otro, un solar.

 

Se cuenta que La Torre pertenecía (o mejor dicho: pertenece) a una orden de monjes. No tenía nada de misterioso realmente, salvo su aspecto de castillo y las gárgolas que adornan su fachada. Sin embargo, siempre ha habido rumores acerca de apariciones en la torre que le da nombre al chalet. Durante un tiempo, mucha gente vio, las noches de luna llena, a una dama vestida de blanco asomándose a la ventana de aquella torre. La espantosa imagen debió de ser lo que hizo que, cierto día (corrijo: de noche. Y no hace mucho tiempo) unos muchachos que se encontraban ante La Torre cayeran por el barranco, provocando miedo entre los habitantes y haciendo que el Ayuntamiento colocara vallas en aquel lugar para evitar más accidentes. Yo he visto esas vallas, me he apoyado en ellas. ¿Qué fuerza o visión empujaría a los jóvenes exactamente? No lo sé. ¿Quién es la dama de la torre? Dicen que era una amante del jefe de la orden religiosa. Se dice que descubrieron el idilio y la mujer fue encerrada allí, parece ser que eternamente.

 

Hace un par de años, más o menos, quise ver a aquel desgraciado fantasma. Era noche de luna llena y mi hermano, mi tío y yo aprovechamos la ocasión para buscar a la dama. El chalet de mis tíos está en la misma urbanización que La Torre. Fuimos caminando y a los pocos minutos nos encontrábamos en la carretera sin asfaltar del chalet abandonado. Sí, abandonado: hace tiempo que está en venta, pero nadie lo compra. En una ocasión, pasé delante de él con una amiga y llamé al timbre. Siempre lo hacía y nunca contestaba nadie. Sin embargo, aquella vez, una mujer se asomó por una ventana del castillo. Tuvimos que irnos, algo aturdidas.

Con la manta que aquella noche llevaba encima a causa del frío, parecía yo el fantasma, especialmente cuando la escasa luz de las farolas prolongaba mi sombra. ¿Puede un fantasma hacerle la competencia a otro de modo que uno de los dos haya de desaparecer? Porque lo cierto es que, por mucho que esperamos, no vimos nada en aquella torre. El silencio y el temor que sentíamos invitaban a la acción de algo sobrenatural, mas no pasó nada. ¿Cuándo se dará la siguiente aparición? Quién sabe… Probablemente, cuando menos lo esperemos. Como siempre.

Rima S.

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Acerca de rimilla

Partidaria de la revolución con palabras, porque son la mejor arma para cambiar las cosas.
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