No se trata de lo que uno merece

“No puedes estudiar eso, con la nota tan alta que tienes… Menudo desperdicio. Tú puedes hacer carreras mucho más complicadas, carreras de más prestigio”.

“No sé por qué vas con esa persona, mira dónde vive… Mira a qué instituto va… ¿Sabes de lo que trabajan sus padres? Mereces a alguien mejor, con una buena posición”.

Son frases de situaciones muy típicas, ¿no? Parece bastante obvia la respuesta en cada caso: cada uno elige la carrera que le gusta (o así tendría que ser), y nadie juzga a nadie (o mejor dicho: nadie debería juzgar) por su posición económica o sus orígenes humildes. Sin embargo, en demasiadas ocasiones dudamos. Porque está tan estereotipado eso de que la gente de sobresalientes se mete en ingenierías y que es mejor salir con una persona de dinero… Quizás lo segundo ya no tanto, y me alegro por ello. Pero algo de razón llevo, ¿a que sí? Y no hablo solo de estas dos situaciones, sino de muchas otras, todas aquellas en las que vamos a elegir algo y nos paramos a pensar en que merecemos algo mejor, en que somos capaces de mucho más. No digo que la gente no deba buscar siempre superarse, pero habría que respetar a quienes se conforman con lo que tienen o sencillamente no necesitan algo grande para ser felices. La verdad es que prefiero a una persona que es feliz habiendo estudiado la carrera que ha querido aunque esa carrera tenga la nota de corte más baja que existe, que a otra que se complica la vida estudiando algo que no le gusta porque está mejor visto. Si no te gusta, ¿para qué te metes? Por no hablar de que luego esas personas van a dedicarse durante cuarenta años a algo que no les satisface. Y lo paga la gente con la que se relacionan. Y en el segundo ejemplo, si esa persona es buena, tiene valores y te sientes bien con ella, ¿qué más dará que no le sobre el dinero? ¿Tan superficiales podemos llegar a ser? ¿En serio vas a ser más feliz con una persona fría y distante porque gane una buena cantidad al mes? Y así con todo. Qué vergüenza, el tener que decir cosas tan evidentes, y que sin embargo hacen dudar a mucha gente.

No se trata de lo que uno merece, sino de lo que uno quiere.

Rima S.

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Acerca de rimilla

Partidaria de la revolución con palabras, porque son la mejor arma para cambiar las cosas.
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