Autosuperación

Esto no es una poesía, ni un cuento, no es un texto literario. No voy a usar el lenguaje para crear belleza, ni voy a emplear un vocabulario elaborado. Quiero transmitir un mensaje, y que sea claro, que se entienda. Esto pretende ser una llamada de atención para todos aquellos exigentes consigo mismos. Nada más voy a decir como introducción, ya que el artículo en sí ya es bastante largo. Vamos allá.

Como estudiante de sobresalientes que he sido, he participado en unos cuantos concursos y pruebas para obtener reconocimientos de carácter académico. Quisiera hablar de una anécdota ocurrida en un concurso hispanoamericano de ortografía. Ocurrió hace un año; yo acudí a un instituto para la realización del examen que decidía si pasabas a la fase nacional (no pasé, por cierto. Y sigo viva). Bien, sucedió que, como tengo costumbre de hacer en estos casos, entablé en seguida conversación con la chica que tenía delante de mí, en mi misma mesa. Parecía simpática, hablamos un poco (entre prueba y prueba), lo típico: de qué colegio o instituto veníamos y esas cosas. Y sucedió asimismo que yo no soy competitiva, y sin reparo alguno le comenté al acabar una de las pruebas que me había parecido algo complicada. Se quedó mirándome y se limitó a reírse y a responder “a mí también”. Al comentar las palabras del dictado, siempre esperaba que le dijera yo primero lo que había puesto y después ella me decía lo que ella había escrito. Como si pudiésemos corregir lo ya escrito una vez acabada la prueba… Aun así, ni una palabra: le llegué a contar que en una frase había una palabra que no sabía cómo escribir, y me miró fijamente, callada. Yo no pretendía que me dijera la respuesta (y tampoco podía modificar nada ya), y ella lo sabía. La gente como esa sabe reconocer a gente como yo. Voy a explicarme con otro ejemplo más claro, pues aquí puedo parecer estúpida, pero mi actitud en una competición, más que ingenua, es despreocupada.

Recibí el Premio Extraordinario de Educación Secundaria por mi media de 10 hace ya unos cuantos años, y en la ceremonia de entrega entablé conversación con la chica que tenía a mi lado. Otra vez la típica conversación, sólo que con menos tensión porque ya nos habían concedido el premio. Sin embargo, había algo que aquella chica tenía en común con la del concurso de ortografía: la mirada. Esa mirada competitiva, esa mirada que me decía “si tengo que pisarte, te voy a pisar y voy a ser más que tú”. No quisiera dar a entender que eran mala gente, es posible que fueran bellísimas personas. Eso no lo sé. Lo que sí sé es qué filosofía de vida llevan más de la mitad de las personas que participan en estos concursos o reciben estos reconocimientos, los llamados “empollones”. Viven por y para los estudios, son el alter ego de los deportistas de élite, pero en el campo intelectual.

No digo que sea malo, yo misma he dedicado la mayor parte de mi tiempo a estudiar durante muchos años (y sigo estudiando), y la competitividad es buena. Pero todo tiene un límite, y lamentablemente muchos lo sobrepasan.

Hablo de aquellos que son máquinas de estudiar, de aquellos que han sido desde pequeñitos los primeros de su clase, de aquellos que, con más o menos esfuerzo, siempre han conseguido que los demás les considerasen los mejores. Como si a una persona se la pudiera valorar por un numerito. Somos mucho más que una nota, y aunque parezca muy obvio hay gente que no lo entiende. Lo sabe, pero no lo entiende.

Pero no he escrito esto con afán de criticar a esas personas. Lo he hecho precisamente porque me preocupan y quisiera, como ya he dicho al principio, llamar su atención. ¿Por qué? Porque llega un momento en que esa gente llega a sus límites, y al sobrepasarlos empiezan los problemas. Se trata de personas que normalmente, aunque se han esforzado para llegar adonde están, no están acostumbradas a que algo les cueste, pues tienen facilidad para lograr sus objetivos (y, aunque hablo del ámbito académico, podéis observar que se puede aplicar a cualquier otro). ¿Y qué sucede? Cierto día se encuentran con una persona que lo ha hecho mejor que ellos y con la mitad de esfuerzo. Porque si tienen un fallo es el no ser conscientes de que siempre va a haber alguien mejor que ellos, igual que hay gente más mediocre en el ámbito que sea. Y es en ese momento cuando debemos recordar que el éxito que nos debe preocupar es el nuestro, no el de los demás. Y que tener competencia debe servir para estimularnos, motivarnos, no para crear mala sangre. Porque ya sabéis lo que se dice: ¿de qué sirve ser el número uno cuando no tienes a grandes personas por detrás?

Pero bien, no hace falta compararse con los demás o que aparezca competencia para que aquellos más exigentes consigo mismos tengan problemas. Porque llega un punto en que se encuentran con algo que les supone más esfuerzo del que habían necesitado hasta el momento, y entonces se frustran y llegan incluso a padecer ansiedad y depresión. No aceptan sus límites, y sobre todo no tienen tolerancia a la frustración. Y creedme que lo pasan realmente mal.

¿De verdad vale la pena pasarlo mal, arruinarse la salud? Una cosa es perseguir un objetivo y otra es ser un fanático, y muchos de estos “empollones” no tienen suficiente madurez para asumir un fracaso.

Todos nos hemos equivocado a veces, incluso los “mejores”. Todos hemos caído (yo he caído y bastante, y no pasa nada) y nos hemos tenido que levantar, y de todo se sale. Los estudios son una etapa de la vida, no la vida entera. No conviertas lo que debe ser un placer, el aprender, en un tormento. A por todas, sin matarte.

A ser feliz.

Rima S.

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Acerca de rimilla

Partidaria de la revolución con palabras, porque son la mejor arma para cambiar las cosas.
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6 respuestas a Autosuperación

  1. Javi-k dijo:

    Buena entrada. Por desgracia, esa actitud competitiva y esa mirada después de los estudios sigue presente en muchos ámbitos, hasta en el laboral. Una auténtica lástima la verdad.

    Un abrazote y buen fin de semana. Me ha gustado mucho tu reflexión.

    • rimilla dijo:

      Muchas gracias 🙂 Pues sí, es algo que se inculca a los niños a veces incluso antes de entrar al colegio… Y al final acaban cayendo, o frustrándose, es inevitable. Buen fin de semana a ti también 🙂

  2. eldelacola dijo:

    “No digo que sea malo, yo misma he dedicado la mayor parte de mi tiempo a estudiar durante muchos años (y sigo estudiando), y la competitividad es buena”.
    Pues yo he llegado exactamente a la conclusión contraria, jaja. No, en serio, creo que la competividad, a la larga, genera pérdidas para ambos lados porque al final te centras más en ser el primero que en lo que de verdad importa (ya sea la calidad o beneficio para el consumidor del producto final si hablamos del marco empresarial, el sacar mejor nota que el otro en lugar de aprender si hablamos de estudios, o donde quiera que lo apliques). La cooperación, por otro lado, lleva a beneficios para ambas partes, aunque no tengas el “gusto” de pisotear o demostrar que eres mejor que el otro.

    • rimilla dijo:

      Es muy cierto que a la larga genera pérdidas, pero yo quería hablar de la competitividad hasta cierto punto… Pienso que es perjudicial cuando se llega a un límite, que es justo el que dices: cuando tu prioridad no es otra que ser el mejor, a toda costa. Sin embargo, hay un grado de competitividad que creo que es bueno, que estimula a la gente a hacer cosas que de otra forma no haría. La verdad es que no sé si me explico bien, jaja. Es muy interesante la reflexión que haces sobre la cooperación, que está bastante infravalorada en esta sociedad tan individualista (aunque cada vez se mira más, pero aun así…); también yo pienso que el trabajo en equipo es lo más útil, pero desde mi punto de vista, la competitividad es necesaria también… Lo que pasa es que la llevamos al extremo. Gracias por tu comentario, me interesa mucho conocer la opinión de la gente con respecto al tema. Un saludo 🙂

  3. G29GB dijo:

    Interesante artículo. No soy partidario de la competitividad, que no significa que no tengamos que ser eficientes. Pero esa relación debe ser siempre establecida con uno mismo y no con el resto de la sociedad. No luchamos contra el resto de la población, sino contra nosotros mismo. Con nuestro ser para autosuperarse.

    Confío más en otros valores que por desgracia en este sistema capitalista los desplaza al olvido como la cooperación, la solidariedad y el respecto hacia los demás.

    Te invito a visitar mi blog: http://gabrielgonzalezbello.wordpress.com

    Seguiré visitando tus posts, saludos

    • rimilla dijo:

      Ciertamente, competir con nosotros mismos es bueno (repito como siempre: hasta cierto punto, jaja), ojalá que un día haya mayor cultura de dar lo mejor de uno mismo y trabajar en equipo con esto presente.
      Gracias, he entrado en tu blog y me ha sorprendido positivamente 🙂 También yo seguiré al tanto de tus publicaciones 🙂
      Un saludo.

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