La chica de los puntos y aparte

María se encontraba sola en medio de una gran fiesta. Una fiesta en la que todos bailaban pero nadie se divertía; entre la música y las luces, no tenían tiempo de pensar si realmente lo estaban pasando bien. Ella no había querido asistir a la fiesta, pero lo había hecho. ¿Presión? Tal vez. Nunca había un “no” en su boca.

Se le acercó un muchacho y le dijo: “¿Bailas?”. Tenía los ojos un tanto irritados, se fijó ella, y cara de no haber dormido en días. Se preguntaba cómo podía aguantar allí de pie, pues parecía que en cualquier momento fuera a desplomarse. Sin duda, la típica persona de la cual alguien se alejaría, por ser fiestero y bebedor, poco decente más bien. El chico con el cual ninguna madre quiere ver a su hija. Sin embargo, a María no le pareció peligroso, sino frágil; sintió lástima y le dijo que sí.

Más tarde, después de bailar, se acercó otro que ya no parecía tan inofensivo. “El chico de antes está como está por presión social. Éste parece malo de verdad”, pensó la joven, algo asustada. El chico, ciertamente, tenía una sonrisa maliciosa, y llevaba un vaso de una sustancia morada en una mano. Tenía aquella expresión en el rostro de quien había vivido demasiadas cosas para ser tan joven.

“¿Quieres bailar?”, preguntó. Ella no se atrevió a decirle que no, y aceptó una vez más. Pero fue distinto al baile anterior: esa vez el chaval se pegaba demasiado a ella, y la incomodaba; en una ocasión la rodeó con sus brazos, y ella trató de zafarse, pero entonces la agarró más fuerte y le hizo daño. María se empezaba a poner nerviosa. Poco a poco, el joven fue conduciendo a María a una zona de la discoteca donde había menos gente. El sitio era bastante grande y había tantos jóvenes bailando que la muchacha tardó en darse cuenta de que se alejaba del lugar más seguro, donde más personas había. Pero un instante después de percatarse de las intenciones del chico, apareció un amigo del mismo y María aprovechó la sorpresa que éste le dio a su “secuestrador” para escapar y volver al lugar donde había permanecido, quieta y confusa, desde su llegada a la fiesta.

Quería ir al baño y esconderse, quería ir adonde nadie la viera ni intentara dañarla, pero pensó que, si era peligroso estar allí con tantas personas, en el baño sería aún peor. Y siguió ahí quieta, mirando a los adolescentes bailar, las chicas maquilladas insinuándose a los chicos, de los cuales la mayoría habrían hecho alguna barbaridad al final de esa noche. “Pero, ¿dónde me he metido?”, se preguntaba una y otra vez. Mas no podía poner fin a la fiesta, no podía marcharse, ella no sabía qué hacer, no se atrevía a moverse, no sabía qué tenía que decir cada vez que alguien se acercaba. Sólo asentía con la cabeza. Estaba confusa.

Se acercó un tercer chico, del cual no sabía qué pensar ya. Parecía muy apático, no conseguía siquiera intuir sus intenciones y de nuevo sintió miedo. Éste no le pidió bailar, sino que intentó entablar conversación con ella; cosa estúpida, pues con la música a aquel volumen era imposible escuchar nada. La fiesta no estaba hecha para hacer amigos, sólo para bailar, bailar, bailar…

No podía, pues, escucharlo, y finalmente asintió con la cabeza y se dio la vuelta, dispuesta a irse a otra parte, pero entonces él la cogió del brazo. Ella gritó, mas nadie la escuchó. Sin embargo, el chico vio la expresión en el rostro de María y la soltó inmediatamente. Se fue; no quería problemas.

María siguió estudiando a la gente que tenía alrededor. Vio a los típicos y las típicas que en grupo se crecen pero en solitario eran muy poca cosa. Lo sabía por la manera en que actuaban cuando iban a la barra o se acercaban a hablar con algún desconocido en ausencia de sus amigos. Pudo ver también a otras personas como ella, que bailaban porque no sabían negarse, y se veía la resignación en sus caras. Había, claro está, gente que realmente se divertía, aunque eran los menos. Todas aquellas personas… Aquello era un desfile de gente de todo tipo, todos en la misma fiesta, un mismo comportamiento para distintos sentimientos.

¿Cuántas de todas esas personas estarían allí porque realmente querían, y cuántas estarían allí por estar, porque era lo que, entendían, tenían que hacer?

La joven pudo observar cómo se acercaban, desde una esquina, un grupo de jóvenes. Venían a divertirse con ella pero sin ella, o eso le pareció a María, que rápidamente se mezcló entre la gente y se puso a bailar, con el fin de que no comenzaran a hablar con ella. Lo logró: el grupo la estuvo esperando unos diez minutos, y al ver que no se acercaba, se marchó finalmente a molestar a otra chica.

María, cansada, dejó de bailar y volvió a su puesto de observación, y en ese momento vio a una pareja que parecía diferente, porque estaban sonriendo de verdad, no bajo los efectos del alcohol. Se preguntó qué harían en aquella fiesta de infelices, pudiendo celebrar el fin de año en otro lugar más sano, más alegre. “Todos estamos metidos en esto, supongo”, se dijo.

Habían transcurrido cuatro horas desde el comienzo de la fiesta cuando se acercó a María otro chico. Éste no iba sonriendo como los otros, sino más bien bastante serio. María no se movió. Cuando el joven se detuvo delante de ella, entonces sí sonrió, y le dijo gritando para hacerse oír:

  • ¡Hola! ¿Cómo estás? Llevo un rato observándote y pareces algo perdida. Me llamo Álvaro.

María quisiera haberle dicho que no, que no estaba bien, que tenía ganas de llorar, que aquel no era su sitio, que tenía miedo. Pero no dijo nada. Si todos parecían estar bien y ella se quejaba, parecería una chica rara.

  • Estoy bien, Álvaro. —dijo simplemente.
  • ¿Has venido sola?
  • Me invitaron unas amigas, pero no sé dónde están.
  • ¡Vaya! Yo vengo con unos amigos, ¿quieres venirte con nosotros? Deduzco que es la primera vez que vienes a este lugar.
  • Sí, es la primera vez, he abierto los ojos a la realidad.
  • ¿Te vienes entonces?

María se lo estaba pensando. Iba a decirle que sí, como siempre, cuando se acercaron a ella unas chicas por detrás y le preguntaron si bailaba con ellas y sus novios. Ahora a uno de los dos tenía que decirle que no. Tomó una decisión.

  • Bailaré con ellos y después iré contigo, Álvaro.

Álvaro miró pensativo a la muchacha. Aquellas chicas que acababan de aparecer no le inspiraban confianza, y le preocupaba María. Sin embargo, él no podía decidir por ella, ni siquiera le conocía. Dijo “De acuerdo” y volvió con sus amigos.

María bailó con aquella gente, y el baile le pareció eterno. Las horas pasaban y no podía parar, los demás no se cansaban, y finalmente pudo ver cómo Álvaro y sus amigos se marchaban de la fiesta. Álvaro la miró. Se miraron un instante antes de que él saliera por la puerta, y María se sintió completamente desprotegida mientras bailaba.

Al acabar el baile interminable, volvió otra vez a su sitio. Siguió observando a la gente, y se dio cuenta de lo manipulables que eran todos, incluso aquellos que habían intentado manipularla a ella. Dejó de esperar a que se acercara más gente a hablar con ella y decidió finalmente seguir bailando. La fiesta terminaría algún día y entonces María podría volver a ser ella misma.

Y así transcurrían las horas, pasaba la noche, la chica de los puntos y aparte,  que lloraba por dentro y reía por fuera, exactamente igual que el resto, incapaz de poner un punto y final a su sufrimiento.

Rima S.

Anuncios

Acerca de rimilla

Partidaria de la revolución con palabras, porque son la mejor arma para cambiar las cosas.
Esta entrada fue publicada en Relatos y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a La chica de los puntos y aparte

  1. P. dijo:

    Los adolescentes (y no tan adolescentes) muchas veces hacen cosas para integrarse socialmente, aunque no se sientan del todo cómodos, no sea de su “estilo”.

    Me ha encantado esta entrada, ¡enhorabuena! ¡sigue así!

  2. Tito Muñoz dijo:

    Me gustó el relato y los detalles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s